Zooticias

Curiosidades y trucos sobre animales

Creado por Bea | noviembre - 26 - 2011 | 0 Comentarios

El otro día buscando información sobre el demonio de Tasmania me encontré con este blog  caramelos “sabor ciencia” y en el vi un post que me llamo mucho la atención: El cáncer contagioso. Me puse a leer un post y otro y así me pase gran parte de la mañana. Esta web pertenece a Santiago, de profesión, biólogo, de voluntad, divulgador, y de afición, escritor. Así es como se define este joven emprendedor. Si queréis conocerlo a él y a su trabajo os aconsejo que le hagáis una visita en su web.

 

Ahora os dejo un artículo  de la mano de Santiago:

Leía hace poco esta hipótesis sobre el cáncer como organismo parásito. Y siguiendo esa línea, me he animado a escribir una reseña sobre un “tipo” de cáncer casi desconocido, el cáncer contagioso. Éste solo se produce de manera “natural” en los diablos de Tasmania (Sacrcophilus harrasii) y en los perros y cánidos (como los lobos). Y además cada uno es de su padre y de su madre, sin tener nada que ver.

El cáncer, al fin y al cabo, es un malfuncionamiento de la célula, de manera que se reproduce en un tejido sano, mezclándose con las “células buenas”,  consumiendo más y más nutrientes y produciendo desechos descontroladamente. Al final, por falta de espacio o recursos, suelen necrotizar, es decir, matar, al tejido que “invaden”, que era, en un primer momento, del mismo origen que las células tumorales.

Para que el cáncer, por tanto, sea contagioso, debe poder “viajar”, directamente, de un organismo a otro, cosa muy difícil debido a que las células son muy sensibles a las condiciones externas, y cuando llegan a otro organismo se encuentran con medidas de defensa del cuerpo en el que están, que matan automáticamente dichas células antes de que se pongan a crecer.

En el caso de los diablos de Tasmania, al copular se muerden en los rostros y cuellos, y el tumor, qué se localiza en la cara del animal, puede dejar parte del tejido en las heridas, transmitiendo células vivas de un organismo al otro. Por si esto fuera poco, la diversidad genética de esta especie de marsupiales, es muy baja, por lo que las medidas de defensa del cuerpo nuevo, son muy “lights”, por lo que no acaban con la invasión, y se produce un nuevo tumor.

 

Esta forma de transmisión que parece difícil, ha provocado ya una reducción del 95% de la población en el sur de Tasmania, y los estudios realizados por Menna E. Jones y Hamish McCallum, de las Universidades de Tasmania y Griffith (Queensland), indican que los tumores proceden todos de un ¡único individuo! que contrajo la enfermedad hace 15 años, ya que comparten las mismas características genéticas y difieren del hospedador.

Por otra parte, el cáncer transmisible canino, también llamado sarcoma de Sticker o TVT, se produce siguiendo los mismo pasos, pero durante el coito. Las células se desprenden del tumor y “anidan” en el nuevo hospedador (en este caso en los genitales, la boca o los ojos, por el comportamiento del perro). Este cáncer, según múltiples estudios genéticos, se cree que apareció hace unos 10.000 años, pasando por una etapa de gran virulencia (como ocurre con el demonio de Tasmania ahora mismo) y al cabo del tiempo terminó adaptándose bastante bien. Podría decirse que “coevolucionó”, si hacemos caso al artículo que hemos referido al principio, con el perro, eliminando barreras inmunológicas y siendo ahora poco peligroso y avirulento, pero se sigue perpetuando como si de un auténtico organismo parásito se tratara.

¿Y qué hay de los seres humanos?, en nuestra especie, se conocen patógenos capaces de provocar una predisposición a sufrir un cáncer, como el papiloma humano en el cuello del útero, y también se han producido casos de transmisión de tumores por trasplantes de órganos. ¿Puede ocurrir, entonces, un caso parecido al del diablo de Tasmania?

Es muy difícil que ocurra en humanos debido a la gran diversidad genética que poseemos y a nuestra capacidad de evitar conductas que transmitirían el tumor. Se tiene una ligera preocupación de que pueda surgir un tumor transmisible en un grupo pequeño de grandes primates y que éste evolucione hasta alcanzar cierta capacidad resistencia, pero, aunque nuestra variabilidad genética con estos grandes simios es muy pequeña, al igual que pasa con los perros o los diablos de Tasmania, sus células siguen siendo de otros organismos, no solo eso, sino de otra especie distinta lo que hace imposible que una célula de estos animales sobreviva en nuestro organismo.